31 enero 2007

Lucybell en Lima

el 29 de marzo del 2007
Guardado en: Conciertos (y Crónicas)

30 enero 2007

Capítulo 7

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Por Julio Cortázar

Guardado en: Monólogos sin Copyright


29 enero 2007

El Fuego

Cierto día, le preguntaron al escritor francés Jean Cocteau en una entrevista:

- ¿Qué se llevaría del Museo de Louvre si se estuviera quemando?
- Me llevaría el fuego - respondió sin dudarlo.

Guardado en: Zeta y Otros Postres

28 enero 2007

Ojos de Videotape

Dos, tres, cuatro. Ya, cinco. Bastaba tan sólo aquella cantidad de juegos para coger mi cabeza y largarme de aquel lugar que tanto odiaba. Sí, había sido tan radical y pocamente sutil en mi decisión: 'No volvería más'.

Miraba por sobre los sombreros y notaba una mezcla vertiginosamente azul que salía de sus pensamientos. Sistemáticamente, empecé a rodear el lugar con la mirada y vi un perro con un rayo de relámpago clavado en la frente, parado frente a nosotros. Las estanterías eran como casas de tres pisos que nunca pienso subir; en cambio, las calles, sí las calles, están fuera esperándome como mareas a los botes de pescadores para zambullirlos y desaparecerlos.

Dos, tres. Los juegos iban siendo cada vez menos y yo lanzaba mi sonrisa casi perfecta y mis lentes anónimamente oscuros por sobre las jugadas de los demás, tratando de adivinar la próxima movida. Uno, dos. ¿Que estaba esperando? Había empezado a disfrutar ese juego casi meloso que se pegoteaba a mis dedos, que empezaban a sentir la porosidad cayosa de los diamantes.

Uno, cero. El juego terminó. Cojo mi sombrero y me voy sin despedirme. El perro me mira. Miro los botes, a ver cuál me lleva; tomó el primero y salgo. Salgo de todo eso.

Guardado en: Ombliguismo

Dedicatoria

que se estrellen los aviones
no los cinturones de seguridad
ni esas cosas con que uno inhala

que se estrellen
las ondas cortas y los parpadeos del piloto
y del copiloto

que se estrellen
en fila
las comidas el pescado el pollo el ginger ale

el jugo de tomate

las marcas de tomate en tu cuello

y las de labios en el mío

que se estrellen
vamos
esas revististas que no alegran
sino todo lo contrario:
esparcen

pero nunca tú.

nunca te estrelles.

Escrito por: Alberto Villar Campos
Guardado en: Poe-camaleónicas

26 enero 2007

¿Por qué vemos luces con los ojos cerrados?

A veces podemos percibir puntos luminosos en el campo visual, que no tienen nada que ver con lo que estamos observando. Si son puntos luminosos, son probablemente ilusiones ópticas producidas por la estimulación de la retina (capa del ojo sensible a la luz). Las células de la retina envían impulsos al cerebro y el cerebro las interpreta formando una imagen. Si las células envían impulsos sin relación con la luz, el cerebro las traduce como puntos luminosos que se denominan fosfemas. Muy interesante.

Tomado de: meneame.net
Guardado en: Zeta y Otros Postres

Camera Obscura

Han hecho falta tres discos y sobre todo, un buen puñado de buenas canciones para que dejemos de considerar a Camera Obscura los hermanos pequeños de Belle & Sebastian y les tengamos en cuenta por lo que son. Con Lets Get Out Of This Country, su disco del pasado año, han conseguido no sólo su mejor trabajo hasta la fecha, sino el merecido reconocimiento que necesitaban.

Grabado en Suecia, a las órdenes de Jari Haapalienen (The Concretes), el nuevo disco de los escoceses es un tratado de melodías perfectas, una perfecta combinación entre el sonido clásico y contemporáneo que nos remite a las cinco últimas décadas. Una perfecta mezcla de northern soul, toques de country, guiños a los grupos de chicas de los cincuenta y por supuesto pop, mucho pop, con reminiscencias de los sesenta y ochenta.

En él se incluyen desde una de las mejores canciones de 2006: “Lloyd, I'm Ready To Be Heartbroken”, -homenaje al “Are You Ready To be Heartbroken?” que Lloyd Cole & The Commotions incluyeran en Rattlesnakes (84)-, a himnos atemporales (“Let's Get Out Of This Country”, “Tears For Affairs”), sonidos que beben del mismísimo Phil Spector (“If Looks Could Kill”) o deliciosos pasajes evocadores (“Come Back Margaret”, “Country Mile”).

En definitiva, uno de los discos más estimulantes del año 2006.


Tomado de Musikalia.com
Guardado en: Seudo-Apreciaciones TapeA

23 enero 2007

Momento Kafkiano


Capítulo 47

Soy yo, soy él. Somos, pero soy yo, primeramente soy yo, defenderé ser yo hasta que no pueda más. Atalía soy yo, Ego. Yo. Diplomada, argentina, uña encarnada, bonita de a ratos, grandes ojos oscuros, yo. Atalía Donosi, yo. Yo. Yo-yo, carretel y piolincito. Cómico.

Manú, qué loco, irse a Casa América y solamente por divertirse alquilar este artefacto. Rewind. Que voz, esta no es mi voz. Falsa y forzada: “Soy yo, soy él. Somos, pero soy yo, primeramente soy yo, defenderé...” STOP. Un aparato extraordinario, pero no sirve para pasar en voz alta, a lo mejor hay que acostumbrarse, Manú habla de gravar su famosa pieza de radioteatro sobre las señoras, no va a hacer nada. El ojo mágico es realmente mágico, las estrías verdes que oscilan, se contraen, gato tuerto mirándome. Mejor taparlo con un cartoncito. REWIND. La cinta corre tan lisa, tan parejita. VOLUME. Poner en 5 o 5½: “El ojo mágico es realmente mágico, las estrías verdes que os...” pero lo realmente sería que mi voz dijese: “El ojo mágico juega a la escondida, las estrías rojas...” Demasiado eco, hay que poner el micrófono más cerca y bajar el volumen. Soy yo, soy él. lo que realmente soy es una mala parodia de Faulkner. Efectos fáciles. ¿Dicta con magnetófono o el whisky le sirve de cinta grabadora? ¿Se dice grabador o magnetófono? Horacio dice magnetófono, se quedó asombrado al ver el artefacto, dijo: "Que magnetófono, pibe." El manual dice grabador, los de Casa América deben saber. Misterio: Por que Manú compra todo, hasta los zapatos en Casa América. Una fijación, una idiotez. REWIND. Esto debe llevar tiempo, tiempo, tiempo. Todo esto debe llevar tiempo. REWIND. a ver si el tono es más natural: "...po, tiempo, tiempo. Todo esto debe..." Lo mismo, una voz de enana resfriada. Eso sí, ya lo manejo bien. Manú se va a quedar asombrado, me tiene tanta desconfianza para los aparatos. A mí, una farmacéutica, Horacio ni siquiera se fijaría, lo mira a uno como un puré que pasa por el colador, una pasta zás que sale por el otro lado, a sentarse y a comer. ¿Rewind? No, sigamos. apaguemos la luz. Hablemos en tercera persona, a lo mejor... Entonces Talita Donosi apaga la luz y no queda más que el ojito mágico con sus estrías rojas (a lo mejor sale verde, a lo mejor sale violeta) y la brasa del cigarrillo. Calor, y Manú que no vuelve de San Isidro, las once y media. Ahí esta Gekrepten en la ventana, no la veo pero es lo mismo, está en la ventana, en camisón, y Horacio delante de su mesita, con una vela leyendo y fumando. La pieza de Horacio y Gekrepten no sé por qué es menos hotel que ésta. Estúpida, es tan hotel que hasta las cucarachas deben tener el número escrito en el lomo, y al lado se lo bancan a don Bunche con sus tuberculosos a veinte pesos la consulta, los renguitos y los epilépticos. Y abajo el clandestino, y los tangos desafinados de la chica de los mandados. REWIND. Un buen rato, para remontar hasta por lo menos un minuto y medio antes. Se va contra el tiempo, a Manú le gustaría hablar de eso. Volumen 5: "...el número escrito en el lomo..." Más atrás. REWIND. Ahora: "...Horacio delante de su mesita, con una vela verde..." STOP. Mesita, mesita. Ninguna necesidad de decir mesita cuando una es farmacéutica. Merengue puro. ¡Mesita! La ternura mal aplicada. Y bueno, Talita. Basta de pavadas. REWIND. Todo hasta que la cinta este a punto de salirse, el defecto de esta máquina es que hay que calcular tan bien, si la cinta se escapa se pierde medio minuto enganchándola de nuevo. STOP. Justo, por dos centímetros. ¿Que habré dicho al principio? Ya no me acuerdo pero me salía una voz de ratita asustada, el conocido temor al micrófono. A ver, volumen 5 1/2 para que se oiga bien. "Soy yo, Soy él. Somos, pero soy yo, primeramen..." ¿Y por qué, por qué decir eso? Soy yo, soy él, y después hablar de la mesita, y después enojarme. "Soy yo, soy él. Soy yo, soy él"...

Guardado en: Monólogos sin Copyright

Beck - Nausea (Letterman)


Guardado en: Video-gráficas

Porcelain

Medida porcelana,
encuentro de manos,
ríos chuecos,
entradas oscuras.

Espías del centro,
masa espesa,
fulgor del mar,
ojos tibios.

Kamikaze fugaz,
jugada curva,
once beduinos,
naúsea mataz.

Guardado en: Poe-camaleónicas

22 enero 2007

Continuidad en los Parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida.

Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

de Julio Cortázar

Guardado en: Monólogos sin Copyright

El Amor es como la Música

IX
El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

Blanca Varela

Guardado en: Poe-camaleónicas


20 enero 2007

No me digas nada, tengo Taquicardia

Hoy no postearé mucho. La bolsa de pan está en la mesa; la mantequilla también. Estoy cansado. Necesito declararme en corto circuito.

Fito Páez - Taquicardia


Guardado en: Pruebas de Sonido


19 enero 2007

Eficiencia en Restaurantes

La semana pasada, salí con unos amigos a un restaurante y noté que el camarero que nos atendió llevaba una cuchara en el bolsillo de su camisa. Me pareció un poco extraño pero lo tomé como algo casual.
Sin embargo, cuando el encargado de mesa nos trajo el agua y los cubiertos, pude notar que él también tenía una cuchara en el bolsillo de su camisa.
Miré entonces alrededor del salón y vi que todos los camareros/as, encargados/as, etc. llevaban una cuchara en sus bolsillos. Cuando el camarero regresó a tomar el pedido, le pregunté:

- ¿Porqué la cuchara?
- Bueno, explicó. Los dueños de la empresa contrataron hace poco a la consultora Arthur Andersen, expertos en eficiencia, con el objeto de revisar todos nuestros procesos. Después de muchos meses de análisis estadísticos, ellos concluyeron que a los clientes se les caía la cuchara un 73% más frecuentemente que los otros utensilios. Eso representa una frecuencia de caídas de 3 cucharas por hora por mesa. Si nuestro personal se prepara para cubrir esta contingencia, podríamos reducir el número de viajes a la cocina y ahorrar aproximadamente 1.5 horas-hombre por turno.

En el momento en que terminamos de hablar, un sonido metálico se escuchó en la mesa de atrás. Rápidamente, el camarero reemplazó la cuchara caída por la que llevaba en su bolsillo, y dijo:

‘Tomaré otra cuchara cuando vaya a la cocina en lugar de hacer un viaje extra para buscarla ahora’. Yo estaba impresionado.

‘Gracias’ - le dije - ‘tenía que preguntar’.
‘Ningún problema’ - contestó - y continuó tomando nuestro pedido.

Mientras mis compañeros de mesa pedían, continué observando a mi alrededor. Fue entonces cuando observé, por el rabillo de mi ojo, una fina cuerda colgando de la bragueta del camarero.
Rápidamente, recorrí con la mirada el salón para asegurarme que todos los camareros llevaban la misma cuerda negra colgando de sus braguetas. Mi curiosidad fue mayor entonces, y antes de que se retirara el camarero, le pregunté:

‘Perdóneme, pero, ¿porqué… eh… o para qué la cuerda?
‘Oh, si - contestó’ y comenzó a hablar en un tono bajo - no mucha gente es tan observadora - me dijo y continuó - Esa consultora de eficiencia de la que le hablé, encontró que nosotros también podíamos ahorrar tiempo en el baño.

¿Cómo es eso? - le pregunté.
Vea - me dijo.- Atando este hilo fino a la punta de nuestro eh… de eso mismo, podemos sacarla sobre el mingitorio sin tocarnos, y de esa forma eliminar la necesidad de lavarnos las manos, acortando el tiempo metido en el baño en un 93%.

¡Qué bien! - dije - Eso tiene sentido.
Pero luego, pensando en el proceso, volví a preguntarle:
Eh, espere un minuto. Si la cuerda lo ayuda a sacarla, ¿como la vuelve a guardar?

Bueno - susurró - yo no sé como harán los otros, pero yo uso la cuchara.


Fuente: Rufadas
Guardado en: Riso-terapia


16 enero 2007

Al ladrón se le olvidó la Luna en la Ventana

Un día tuve un libro muy bueno, y nunca más lo vi. El libro (de cuentos) se llamaba "Alguien que Anda por Ahí" de Julio Cortázar; era blanco con una especie de remolino negro en la tapa del libro, con letras grandes muy grandes con el nombre del libro y el nombre del autor, y nadie, totalmente nadie, sabía de él; hasta hace poco que quise buscarlo en Internet. Hasta alguna vez pensé que ese libro no era de Cortázar, tal y como decía en la tapa del libro.

El libro de cuentos, finalmente, tenía relatos que me encantaban "enteramente"; sobre todo, "Vientos Alisios". Era un cuento que me llevaba siempre de un lado al otro, como los "vientos" a los q hace referencia el título.
"Vaya a saber cuándo volvieron los tragos y los cigarrillos,
las almohadas para sentarse en la cama y fumar bajo la luz de la lámpara en el
suelo. Casi no se miraban, las palabras iban hasta la pared y volvían en un
lento juego de pelota para ciegos, y ella la primera preguntándose como a sí
misma qué sería de Vera y de Mauricio después del Trade Winds, qué sería de
ellos después del regreso.
-Ya se habrán dado cuenta -dijo él-. Ya habrán comprendido y
después de eso no podrán hacer más nada.
-Siempre se puede hacer algo -dijo ella-, Vera no se va a
quedar así, bastaba con verla.
-Mauricio tampoco -dijo él-, lo conocí apenas pero era tan
evidente. Ninguno de los dos se va a quedar así y casi es fácil imaginar lo que
van a hacer.
-Sí, es fácil, es como verlo desde aquí.
-No habrán dormido, igual que nosotros, y ahora estarán
hablándose despacio, sin mirarse. Ya no tendrán nada que decirse, creo que será
Mauricio el que abra el cajón y saque el frasco azul. Así, ves, un frasco azul
como éste.
-Vera las contará y las dividirá -dijo ella-. Le tocaban
siempre las cosas prácticas, lo hará muy bien. Dieciséis para cada uno, ni
siquiera el problema de un número impar.
-Las tragarán de a dos, con whisky y al mismo tiempo, sin
adelantarse.
-Serán un poco amargas -dijo ella.
-Mauricio dirá que no, más bien ácidas.
-Sí, puede que sean ácidas. Y después apagarán la luz, no se
sabe por qué.
-Nunca se sabe por qué, pero es verdad que apagarán la luz y
se abrazarán. Eso es seguro, sé que se abrazarán.
-En la oscuridad -dijo ella buscando el interruptor-. Así,
verdad.
-Así -dijo él..."
Dije que "tuve" este libro, porque me lo robaron. No sé donde, ni cómo. Pero desapareció de pronto; entonces, me lo robaron. Tal vez se cayó alguna vez de mi mochila, en una de las tantas veces en que la abría en plena calle. No lo sé. Pero lo único que sé es que no lo olvidaré. Al ladrón o lo que sea, se le olvidó algo: "se le olvidó la luna en la ventana". No estoy vencido.


Guardado en: Ombliguismo


15 enero 2007

Eielson

un día tú un día
abrirás esa puerta y me verás dormido
con una chispa azul en el perfil
y verás también mi corazón
y mi camisa de alas blancas
pidiendo auxilio en el balcón
y verás además
verás un catre de hierro
junto a una silla de paja
y a una mesa de madera
pero sobre todo
verás un trapo inmundo
en lugar de mi alegría
comprenderás entonces
cuánto te amaba
y por qué durante siglos
miraba sólo esa puerta y dibujaba
dibujaba y miraba esa puerta
y dibujaba nuevamente
con gran cuidado
comprenderás además
por qué todas las noches
sobre mi piel cansada
entre mil signos de oro
y tatuajes y arrugas majestuosas
me hacía llorar sobre todo
una cicatriz que decía
yo te adoro yo te adoro yo te adoro.


Jorge Eduardo Eielson

Guardado en: Poe-camaleónicas

La Maga

Hablamos de Rayuela. Julio Cortázar, su autor, creo a la Maga como: "Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentrífico".

Guardado en: Monólogos sin Copyright

13 enero 2007

Sortilegios

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor
y con mi dolor insumidas en mi soplo,
agazapadas como fetos de escorpiones
en el lado más interno de mi nuca.

Las madres de rojo que me aspiran
el único calor que me doy con mi corazón,
que apenas pudo nunca latir;
a mí que siempre tuve que aprender sola
cómo se hace para beber y comer y respirar.

Y a mí que nadie me enseño a llorar,
y nadie me enseñara ni siquiera
las grandes damas adheridas
a la entretela de mi respiración,
con babas rojizas y velos flotantes de sangre.

Mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré
y ahora vienen a beber de mí,
luego de haber matado al rey que flota en el río
y mueve los ojos y sonríe pero está muerto;
y cuando alguien está muerto,
muerto está por más que sonría.

Y las grandes, las trágicas damas de rojo
han matado al que se va río abajo
y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.


Alejandra Pizarnik

Guardado en: Poe-camaleónicas

11 enero 2007

Electro Z

Qué será de Electro Z? Banda hito del Noise (ruidismo) y las letras Naif en el Perú. Sin duda, oí su música es una monumental patada al cerebro. Buenísima banda. Pues bien, LASE y Jennifer, los dos pilares de la banda se vieron envueltos en un proyecto llamado Dasher, una banda de rock neoyorquina. Lo que después pasó (leí que Jennifer ya no sigue en Dasher), poco importa.

Electro Z, sin duda, banda precursora de estilos muy progresistas para los oídos de los años noventa en el Perú, surgió a partir de las iniciativas de un grupo reducido y marcó "oficialmente" el punto de quiebre entre el viejo rock tradicional y una nueva generación de música y seguidores.

En ese contexto aparece Electro Z. Caja de ritmos, acoples, efectos a todo, voces esforzadas, letras naif, que quizá encuentren su pico en "En Ficción", la canción más conocida del grupo: "vamos a tomar unas fotos con la tele-sofa-radioo... ponte lentes de sol también... prueba encendiendo un cigarro ser yuu.. mira mi reflejo puedes ser tuu... sintiéndose como una estrella..."

Electro Z - En Ficción
Electro Z - Invasión
Electro Z - Millón de Casas
Electro Z - Post-ilusiones
Electro Z - Supercaminos

Guardado en: Seudo-Apreciaciones TapeA

Sonic Youth - Rather Ripped


Currículum Vitae

Digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera.
Que no bebiste el vino de la victoria,
sino tu propia sal.
Que jamás escuchaste vítores,
sino ladridos de perros.
Y que tu sombra,
tu propia sombra,
fue tu única
y desleal competidora.


Blanca Varela

Guardado en: Poe-camaleónicas

10 enero 2007

Desconvocatoria

De qué me sirve crearte
mundos de papel sin circunstancias
cuentos de hadas sin colores
poesías de amor sin sentimiento
obras absurdas de teatro sin intermedios de descanso
novelas creíbles pero sin finales felices
pinturas con trazos firmes pero que parecen inexistentes
dibujos con carboncillo que se tiñen de melancolía a cada trazo
filmes enteros de cine que proyecto en tu ventana
canciones con guitarras que se quedan sin abrazo
serenatas con tambores de lata y violines de escoba
si de todas formas tu mundo
no quiere saber de papel
ni de cuentos
o poesías
ni de hadas
ni de obras y novelas absurdas
mucho menos dibujos o pinturas
filmes o canciones en serenatas
y definitivamente
no quiere saber
nada de poetas sin dinero.


Camilo Báez

Guardado en: Poe-camaleónicas

La Verdad de la Milanesa

Hoy es un día de sol cualqiera y nuestro camaleón se mantiene sigiloso. Trato de encontrar en el camaleón la forma más cautelosa y sistemática de variar, esconderme o escapar. Tal vez si un individuo estuviera preparado para cambiar tan repentinamente de color de acuerdo a los hechos, sería mejor. "Cambiar de piel" no es algo prohibido.
Este reptil debe ser uno de los más fascinantes entre la mayoría de sus congéneres por su mantenimiento y su reproducción. El camaleón que más me impactó fue éste: Chamaeleo calyptratus, o Camaleón del Yemen. Además de su forma y color, me llamo la atención su carácter. Es fuerte.


Gustavo Cerati - Camaleón


Guardado en: Zeta y Otros Postres

El Camaleónico Inicio


Música Para Camaleones es un blog hecho para dar rock y sus derivadas. Un día, cual camaleón, puede parecer un sombrío paraguas y otro, una luminiscente aldea.

Ojalá guste.

Guardado en: Zeta y Otros Postres

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...