16 enero 2007

Al ladrón se le olvidó la Luna en la Ventana

Un día tuve un libro muy bueno, y nunca más lo vi. El libro (de cuentos) se llamaba "Alguien que Anda por Ahí" de Julio Cortázar; era blanco con una especie de remolino negro en la tapa del libro, con letras grandes muy grandes con el nombre del libro y el nombre del autor, y nadie, totalmente nadie, sabía de él; hasta hace poco que quise buscarlo en Internet. Hasta alguna vez pensé que ese libro no era de Cortázar, tal y como decía en la tapa del libro.

El libro de cuentos, finalmente, tenía relatos que me encantaban "enteramente"; sobre todo, "Vientos Alisios". Era un cuento que me llevaba siempre de un lado al otro, como los "vientos" a los q hace referencia el título.
"Vaya a saber cuándo volvieron los tragos y los cigarrillos,
las almohadas para sentarse en la cama y fumar bajo la luz de la lámpara en el
suelo. Casi no se miraban, las palabras iban hasta la pared y volvían en un
lento juego de pelota para ciegos, y ella la primera preguntándose como a sí
misma qué sería de Vera y de Mauricio después del Trade Winds, qué sería de
ellos después del regreso.
-Ya se habrán dado cuenta -dijo él-. Ya habrán comprendido y
después de eso no podrán hacer más nada.
-Siempre se puede hacer algo -dijo ella-, Vera no se va a
quedar así, bastaba con verla.
-Mauricio tampoco -dijo él-, lo conocí apenas pero era tan
evidente. Ninguno de los dos se va a quedar así y casi es fácil imaginar lo que
van a hacer.
-Sí, es fácil, es como verlo desde aquí.
-No habrán dormido, igual que nosotros, y ahora estarán
hablándose despacio, sin mirarse. Ya no tendrán nada que decirse, creo que será
Mauricio el que abra el cajón y saque el frasco azul. Así, ves, un frasco azul
como éste.
-Vera las contará y las dividirá -dijo ella-. Le tocaban
siempre las cosas prácticas, lo hará muy bien. Dieciséis para cada uno, ni
siquiera el problema de un número impar.
-Las tragarán de a dos, con whisky y al mismo tiempo, sin
adelantarse.
-Serán un poco amargas -dijo ella.
-Mauricio dirá que no, más bien ácidas.
-Sí, puede que sean ácidas. Y después apagarán la luz, no se
sabe por qué.
-Nunca se sabe por qué, pero es verdad que apagarán la luz y
se abrazarán. Eso es seguro, sé que se abrazarán.
-En la oscuridad -dijo ella buscando el interruptor-. Así,
verdad.
-Así -dijo él..."
Dije que "tuve" este libro, porque me lo robaron. No sé donde, ni cómo. Pero desapareció de pronto; entonces, me lo robaron. Tal vez se cayó alguna vez de mi mochila, en una de las tantas veces en que la abría en plena calle. No lo sé. Pero lo único que sé es que no lo olvidaré. Al ladrón o lo que sea, se le olvidó algo: "se le olvidó la luna en la ventana". No estoy vencido.


Guardado en: Ombliguismo


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